
I. La falsa neutralidad y la esclavitud nacional:
En esta carta fechada en enero de 1929, el General Augusto C. Sandino dirige una reflexión severa y directa contra quienes, en momentos decisivos de la historia nacional, optan por una postura pasiva o justifican su neutralidad frente a la ocupación extranjera. Para Sandino, esa actitud no es inocente ni prudente, sino profundamente peligrosa: si todos los hombres pensaran de ese modo, afirma, jamás habría posibilidad alguna de que los pueblos alcanzaran su libertad.
El General deja claro que la neutralidad, en un contexto de invasión y pérdida de soberanía, se convierte en una forma de complicidad con la opresión. No se trata simplemente de una diferencia de opiniones, sino de una posición que contribuye a perpetuar la esclavitud de la patria.
II. La libertad como sacrificio y no como discurso:
Sandino reafirma uno de los principios fundamentales de su pensamiento político: la libertad no se conquista con palabras bonitas, flores o versos. La verdadera emancipación nacional exige sacrificios reales y profundos. Implica renunciar a bienes materiales, asumir riesgos que afectan a la familia y, llegado el caso, entregar la propia vida.
Esta concepción ética de la lucha coloca a la causa sandinista muy lejos de la retórica vacía. Para el General, la libertad es una responsabilidad colectiva que demanda compromiso total y coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
III. El deber patriótico de educar y organizar:
Lejos de limitarse a una crítica, Sandino exhorta al destinatario de la carta a asumir una función activa: realizar labor patriótica entre las personas que frecuenta, ayudándolas a comprender que la Libertad Nacional solo puede lograrse mediante la acción conjunta de los nicaragüenses honrados.
En este punto, Sandino subraya que tomar las armas contra el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional constituye un crimen, pues dicho Ejército —según sus palabras— ha salvado el honor nacional y la dignidad del liberalismo auténtico. La lucha armada del EDSN se presenta así como una defensa legítima de la nación y no como una aventura personal.
IV. Invasores, traidores y estrategia política:
Uno de los pasajes más reveladores del documento es la clara distinción que Sandino establece entre los invasores extranjeros, a quienes denomina “piratas”, y los actores políticos nacionales subordinados a ellos. El General es categórico: no negociará jamás con los invasores.
Sin embargo, sí se muestra dispuesto a dialogar con Moncada, no como gesto de conciliación ingenua, sino como parte de una estrategia política. Las conferencias propuestas en San Rafael del Norte tenían como objetivo presentar un programa de gobierno en beneficio del pueblo nicaragüense y, al mismo tiempo, demostrar ante los liberales engañados que Moncada era un traidor al Partido Liberal y responsable de su descomposición.
Sandino deja claro que, si esas bases no eran aceptadas, la lucha continuaría, tanto contra Moncada como contra los invasores que lo respaldaban.
V. Proyección internacional de la causa sandinista:
Finalmente, el General menciona el envío de fotografías publicadas en una revista alemana, subrayando que el nombre del destinatario —y por extensión la causa sandinista— ya había cruzado el Atlántico. Este detalle revela la dimensión internacional que comenzaba a adquirir la lucha del EDSN y la conciencia que Sandino tenía del impacto global de su resistencia antiimperialista.
Reflexión final:
Este documento no es solo una carta circunstancial, sino una pieza doctrinaria de gran valor histórico. En ella, Sandino expone con claridad su visión sobre la libertad, el sacrificio, la traición política y la dignidad nacional. Sus palabras, escritas hace casi un siglo, conservan una vigencia sorprendente y, como bien lo sugiere el título, vienen como anillo al dedo para comprender los dilemas morales y políticos que enfrentan los pueblos cuando su soberanía está en juego.
Siempre Más Allá…
Walter C. Sandino


